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“I AM SPANISH, SPANISH, SPANISH…” O REFLEXIONES SOBRE LA COPA DEL MUNDO DESDE LONDRES

Es gracioso que la primera vez que fui a bañarme a una fuente para celebrar la victoria de un equipo de fútbol no fue la del club del que soy aficionado, de cuyos triunfos fui en varias ocasiones testigo sin … Sigue leyendo

LONDON ACTUALLY

HOLA MUCHACHADA!!!

Es curioso cómo a veces ciertas casualidades, simples coincidencias que en sí no tienen la más minima importancia, vienen a convertirse en lo que consideramos grandes acontecimientos de nuestra existencia. No diré que me di cuenta de ello por primera vez, sería excesivo, el día en que, mirando melancólicamente los escaparates de Oxford Street desde el segundo piso de un autobús, caí en la cuenta de que la única chica con la que había estado en Londres, a la que poco a poco y sin apenas darme cuenta empezaba a ver como “mi chica”, acababa de dejarme justo en el día en el que se cumplía un año de mi llegada a la ciudad. El jodido 7 de marzo. Lo gracioso es que es que ello resultó ser una especie de alivio en la medida en que añadía un punto dramático a la historia que, en mi mente, recreaba lloriqueando a mis amigos. Un alivio, he de ser sincero, de poca utilidad en las amargas vueltas a casa que aún quedaban por venir.

Esta historia de infeliz final no es, por dolorosa que haya sido, más que una las anécdotas que podría contar sobre mi vida en Londres. Anécdotas o casualidades que, ya sea por su carga emotiva, por su trascendencia vital o simplemente por su comicidad son las que van a construir el relato sobre mis experiencias ante los que, conscientes de mi ausencia y llevados por el afecto, por la curiosidad o por la simple cortesía me preguntarán cómo me fue en Londres. Todos los que hemos reencontrado a alguien que vivió lejos por un tiempo hemos hecho preguntas del tipo “¿qué tal en…?” y aquél que se ha visto en la vicisitud de responderlas ha tratado, si es ante sus amigos, de hacer el esfuerzo de resumir un año en un discurso, en tres frases si es ante conocidos y en una simple anécdota al azar si es ante otras personas; bien pudiera valer, en mi caso, la que refiero en el primer párrafo.

Yo, seamos sinceros, si dispusiera de horas y de un público atento y muy paciente, hablaría de las noches en que salimos a quemar Londres y volvimos a casa pronto y sobrios, de las noches en que salimos por salir y acabamos pagando veinte libras por entrar a una discoteca a las cuatro de la mañana, de las peleas con éstos, de la gente con la que traté, de mis decepciones con las mujeres, de lo orgulloso que me siento de mi dubitativo inglés y de los esfuerzos que, mermados por mi incurable inconstancia, he hecho por inmiscuirme en la cultura inglesa.

Pero todo ello no daría cuenta de lo que, realmente, ha sido mi vida en Londres, no daría cuenta de los actos cotidianos, de las pequeñas luchas diarias sin más sentido que el vivir el día en el que me he levantado. Recuerdo que un amigo, tomando unas birras en Camdem, me dijo que para él era más importante un supermercado que un museo (quizá no fue así, pero él me entenderá). Creo recordar que en ese momento le miré con esa expresión de inconformidad que te da la formación académica respecto a todo lo que parezca populachero. Ahora, no dudo en afirmar que si no fuera por los asequibles precios del supermercado de al lado de mi casa, mi vida hubiera sido de un difícil que todos los buenos momentos que he pasado en la National Portrait Gallery, en el pub de al lado del curro o estando con “mi chica” no hubieran aliviado.

Londres, de hecho, ha sido sobre todo la suma de esas rutinas de las que no hablarás a nadie y que son las que hacen de vida lo que es. Aquí he descubierto que los grandes propósitos se construyen a base de pequeños esfuerzos diarios que renuevan esos propósitos que, de otro modo, se quedan en poco más que en una grandilocuente declaración de intenciones. Aún más, me he dado cuenta de que la gran mayoría de esos actos diarios son acciones guiadas por propósitos muy distintos, por mundanas razones que, lejos de contribuir a la construcción de un coherente discurso vital en busca de nuestros anhelos, son, como la vida misma, breves, dispersas e incluso contradictorias. Si se me permite el cometario erudito diré que, como los personajes de Paul Auster, somos seres con nudo pero en los que el principio, esos grandes propósitos, y el desenlace, o la consecución de los mismos, importan bien poco.

Por eso, muchachos y muchachas, no os envío fotos de fiestas ni de grandes acontecimientos, si no de los sitios en los que se ha desarrollado mi verdadera vida, de los lugares que, para mi, son realmente Londres.


London blues

Hola nena, ¿cómo estás?
Well, nor good neither bad
Yo soy estudiante ¿y tú?
All my friends call me Jude
¿están ellos por aquí?
Sure they´re, are you thick?
No te quiero molestar…
Then you can guess if you are…
Reconozco que te ví…
I see you´re able to see
y no pude aguantar…
I don´t  know if I´ll stand…
el deseo de saber…
I just wonder if you heard…
si a ti te gustaría…
that I won´t longer stay here.
quedar conmigo algún día?
Maybe if you´re not drunk of beer.
Sólo he bebido dos!!
I can tell that you drank more…
Bueno si, tienes razón
and I know you´ll go on
No si me pides parar
I not even asked you to talk
Vine al verte sonreir
I was just about to sneeze
Si que hace frio aquí
to me is hot, but anyway…
Yo te dejo mi jersey
I think I´m just moving there
¿porque te tienes que ir?
my friends are waiting for me
tengo tu número ¿y tú…?
I´m afraid you gave me yours…
¿te llamo algún día, Jude?
You are not my friend, are you?
London,
11/11/09
5:30 am

R.I.P (panegírico londinense a Michael Jackson)

Hola muchachada!!!!

Muchos habreís pensado por el funerario título del correo que acaso voy a añadir una reflexión más sobre la polémica existencia y fin de la misma de Michel Jackson: rey, pederasta, traidor e icono de nuestra infancia según quién hable de él (he seguido vuestras opiniones en el blog del kevin…muy bueno, por cierto, el post que las suscita), lo único que diré es que a juzgar por tal variedad de calificativos está claro que este tipo hizo muchas cosas a lo largo de sus cincuenta añitos en el mundo. Perdonadme la obviedad.

Morir ha sido una de esas cosas, una que haremos todos, aunque no todos igual, claro…muchos no aparecerán en la prensa, otros lo harán como parte de un número que no provoque más que un esfuerzo por sentir cierta lástima y el consecuente sentimiendo de culpabilidad; yo mismo traté de hacer ese esfuerzo cuando vi de soslayo, en alguno de esos periodicuchos que reparten en el metro de Londres, que setenta personas había muerto en Irak (¿o era Irán?)…reconozco que a penas lo conseguí. Al día siguente murió el negro más blanco de la historia y desde luego que dediqué mis buenos momentos a pensar en ello. La noticia me impactó sinceramente.

La muerte, nenes y nenas, no nos iguala, no al menos ante los ojos de los que no la conocen; sigue habiendo privilegios y no hace falta más que visitar un cementerio para darse cuenta de ello. Un buen ejemplo es el cementerio de Highgate, un curioso lugar y una visita recomendable si se tiene tiempo (está un tanto alejado de las rutas más turísticas de Londres) y en el que al lado de un mausoleo de mármol es posible ver una pobre tumba de madera. Por alguna razón que desconozco Highgate está abandonado, deliberadamente, a la voluntad de la naturaleza. Muchas de las lápidas más antiguas (de mediados del XIX) yacen en el suelo, otras están cubiertas por las ramas de árboles cuyas raices levantan las losas de piedra. Sólo por lo singular del lugar ya merece la pena pasarse pero, además, este cementerio es famoso por estar enterrado en él Karl Marx.

Si el día es soleado y hay pocos turistas, circunstancias ambas que se dieron cuando visité Highgate, merece la pena pasear tranquilamente por el cementerio e incluso desviarse de los tramos asfaltados e introducirse en los boscosos caminos prácticamente abandonados, por los cuales es casi imposible evitar poner el pie en algunas de las lápidas. Ciertamente, el fetichismo de estar a pocos metros de lo que sea que quede de Marx provocaba en mi cierta impaciencia, pues su tumba no está en uno de los camino principales y hube de deambular un rato hasta que la encontré. Pese a que en sí es secilla, ciertamente llama la atención por su tamaño. Resulta cuanto menos curioso, por no decir irónico, que Marx descanse para siempre casi al lado de Herbert Spencer, gran defensor del liberalismo económico, cuya tumba, por cierto, es incluso más sencilla que la de Marx…bastante austera.

Ni Marx, ni Spencer (ni desde luego Jackson) eligieron qué iba a ser de ellos en su condición de muertos. No sé, en cualquier caso, hasta qué punto somos responsables a lo largo de nuestras vidas de los privilegios que otros gozarán por nosotros en nuestra muerte; pero sé que hay quien, eso al menos supongo, se permitió un pequeño capricho, un pequeño privilegio que seguramente disfrutó planeándolo en vida. Hablo de Ian Dorans, de quien sólo se lo que de él pone en su tumba; alguien que pese a sus ideas políticas ocupa, en la muerte, un lugar preeminente que quizá no habría querido ocupar en vida…os pido que fijéis vuestra atención en una pequeña mancha del color de la pizarra que veréis en el margen izquierdo de la foto de la tumba de Marx que os adjunto; casi escondida entre las ramas veréis la lápida de la tumba de Dorans, al lado del padre del solcialismo, privilegio que muchos de su condición no pueden disfrutar pero con el que Dorans no hace, o al menos eso me gusta pensar, sino reirse de las injusticias que muchos sufrieron y sufren en la vida…y en la muerte.

En fin, locos y locas, tras estas reflexiones aprovecho para deciros que en Londres mi vida tiene mucho de rutinaria; trabajo, hago turismo cuando tengo tiempo y me emborracho cuando mis ingresos me lo permiten…¿el inglés?…todavía me trabo, sigo teniendo que dar rodeos para decir las cosas más simples y a veces entiendo “more than love” cuando un cliente me dice “more than enough”, pero bueno, entiendo y me hago entender. Os digo, por si os interesa, que perdí el móvil inglés de modo que olvidad el número que os envié en su momento…si, amigos y amigas, he tenido cuatro móviles en un año y he perdido dos…así soy, así es vuestro añorado Bronson, Joey Bronson.