Hola amigos,
Ya llegó el verano (ya llegó la fruta y el que no se agache…). A Nana le han dado vacaciones en la Uni, a mi me toca pringar. Bueno, ella empezará a trabajar de becaria en una Fundación para las artes, mientras yo sigo con mi investigación. De hecho, estas últimas semanas han sido de aupa, yo he formalizado la solicitud de beca que, quien haya pasado por ese trance lo sabrá, es un trago; y Nana tenía que entregar sus trabajos finales. Le han salido muy bien y le han puesto As (los sobresalientes para los gringos).
Para relajarnos tras semejantes esfuerzos, hemos llevado unos días más tranquilos acudiendo a eventos sociales como una inauguración de una exposisción de un amigo. Pero el plato fuerte fue nuestra visita a Coney Island. Este es un sitio realmente americano en esencia. Es una feria, con sus atracciones y puestos, durante todo el año y en frente de una de las playas del sur de Brooklyn.
Es muy conocido en todo el país y más allá. Tiene el extraño honor de acoger el concurso mundial de ingesta de perritos calientes, que en la última década ha sido dominado por el nipón Kobayashi, actualmente depuesto por un gordo negro que no me acuerdo como se llama (resalto su color y sus hechuras por el impacto al compararlo con el delgado japonés). El “evento” lo organiza un “restaurante” franquicia llamada Nathan´s que lleva abierto desde 1916. Si amigos, no es que los gringos se hayan vuelto locos de repente, llevan así un rato.
El recinto también tiene sus típicos puestos regentados por esos astutos señores sin escrúpulos que engañan a padres de familia (delante de sus señoras) y adolescentes (delante de la chica que quieren conquistar consiguiéndole un peluche). Cómo a mi me incanta reconquistar a mi chica, jugue a un par de esas cosas, incluida la prueba esta del martillo. Por su puesto, no gane nada, e incluso en un lance del martillo, me lo pase por encima del caboto, para coger impulso, y no pude rebasarlo limpiamente. No me dolío nada más que el ridículo.
También allí hay rollercosters o montañas rusas (me pregunto si un tal Davydenko vino a España en el siglo diecinueve con dos inventos bajo el brazo: el ya mencionado, y una asquerosa ensalada). Era antiquísima, de madera y bastante grande, como la de las pelis. No montamos porque Nana no lo veía claro. En lo que sí que montamos fue en la noria. Era especial porque no sólo tenía habitáculos fijos si no también móviles que hacían un balanceo por unos raíles extra según se iban moviendo. Nosotros montamos en los normales porque Nana lo seguía sin ver claro.
Pasamos un rato en la playa, más sucia que la de Torrevieja. Lo prometo, hemos hallado un nuevo baremo.
También pedimos un deseo en una máquina muy parecida a la de BIG (la peli) aunque en este caso no era un señor árabe el que concedía el deseo sino una gitana. Intento encajar esto como escena cotidiana española y pienso en pillar porros¿verdad? También pienso en lo improbable que sería ver la del señor árabe ahora en EE.UU. De cualquier modo, siguiendo una tradición que empezó el Joey, quien me diga cómo se llamaba el señor o la máquina que concedía el deseo de ser mayor a Josh Baskins (interpretado por Tom Hanks en su version crecida) en BIG, será invitado a una cerveza en Madrid a mi vuelta.
Bueno, al final, en tres horas y pico estuvimos saciados de tantas emociones fuertes, así que nos fuimos a casa. Os dejo con las fotos de la visita.
Un beso
-
-
Paseo marítimo de feria
-
-
Cartel del concurso de hot dogs
-
-
Mapa de la feria
-
-
La noria
-
-
La máquina de los deseos
-
-
El martillo
-
-
Rollercoster