Hola amigos!
Quería aprovechar este post para anunciaros que vuelvo a Madrid el 7 de agosto, para aquellos que no lo supiérais ya. Aparte de esta noticia, también me gustaría contaros un poco este último mes en el que lo más destacable fue nuestro viaje a Michigan y la experiencia del Mundial desde un país en el que nuestro sagrado deporte, aunque cada vez más notorio, no tiene un interés tan grande.
Desde antes de que empezara el verano teníamos en la cabeza la idea de un viaje por EE.UU. Nuestras pretensiones iniciales eran enormes: estar unas tres semanas en la carretera e intentar llegar lo más al oeste posible, hasta California. Claro está, contabamos con encontrar trabajos que financiaran tal aventura. Eso no se dió, y se sigue sin dar, por lo que tuvimos que acotar nuestras expectativas. La propuesta que nos había hecho nuestra amiga Jamie de enseñarnos el estado de Michigan, de donde ella es, en un viaje de carretera desde Nueva York nos pareció buena cosa.
Tomamos la decisión e hicimos los preparativos mientras el Mundial comenzaba, yo me daba cuenta de que parte de nuestro viaje iba a coincidir con las fases finales y tenía sentimientos enfrentados. Que un tío educado, de letras como yo, haga ascos a un viaje exótico por ver partidos de jurgol parece cañí y una involución pero, a la vez, el snobismo de decir que a mí me da igual, “es sólo un partido de fútbol” me parecía deshonesto. Por eso, hice lo posible por ver uno de los dos partidos de España que me podía perder, el de Portugal, el de Paraguay no lo ví, así como otros partidones de octavos y cuartos que se me caían las lágrimas al pensarlo. Por supuesto, a la vuelta vi las semis y la final en mi templo del fútbol con un seguimiento espectacular.
De cualquier manera, alquilamos un coche enorme, un Chevrolet Impala nuevecito, y nos dirigimos a Michigan, teniendo que cruzar en nuestra ruta interminable New Jersey, Pennsylvania y Ohio. El viaje es una odisea, si lo conduces del tirón son como unas 13 horas. Con paradas y demás es como 18. Total que al día siguiente de salir -hicimos noche en un motel de carretera- llegamos a la rural y profunda Michigan. Verde, con bosques y cultivos inmensos y con una sobrepoblación de ciervos enormes, todo a lo grande. Descansamos un día, y Nana y yo hicimos un viajecito a Chicago. Allí, aparte de disfrutar de la arquitectura que la hizo famosa, disfrutamos de la experiencia del hotel americano, con una atención espectacular, servicio de habitaciones muy asequible y lujos un tanto kitsch pero reconfortantes. Chicago es una ciudad para vivir, mucho más habitable que Nueva York, espectacular espacialmente y acogedora. Sus puentes innumerables sobre el río Chicago y lo infinito del lago de Michigan aportan mucha tranquilidad.
De vuelta a Michigan iniciamos la parte salvaje del viaje tras una pequeña visita a East Lancing, donde se encuentra la Universidad del Estado de Michigan. Nuestra amiga Jamie estudió en su campus , el cual recuerda a Harvard por ser urbano y por sus reminiscencias inglesas, muy cómodo, elegante y acogedor.
Nos dirigimos en una ruta larga hacia el norte, hicimos noche en un camping familiar americano, el típico que Yogui asaltaría. Empezamos a conocer la barbacoa americana así como la cultura adolescente de la america profunda gracias al hermano de Jamie y a su irresponsable, loco y titán amigo Brett.
Seguimos hacia el norte, y cruzamos un puente enorme para acceder a la península superior. El puente salvababa el estrecho donde se unen el lago Michigan y Hurón los cuales flanquean la península inferior de Michigan. La idea era llegar al Parque Nacional de Pictured Rocks, el cual hace orilla con el Lago Superior, el más al norte y frío de los Grandes Lagos. Tras atravesar un bosque tan virgen que parecía selva, nos refrescamos en sus aguas. Éstas son turquesa como las caribeñas y bañan playas de arena fina molida por sus mareas. El tamaño de estos lagos es espectacular, en realidad son mares de agua dulce.
En la vuelta a Chasening, hogar de la familia de Jamie y punto neurálgico en nuestras aventuras michiganianas, paramos en Boyne City, donde disfrutamos del celebración del 4 de julio con la familia de Jamie. Nos llevaron al lago Charlevoix donde hicimos una modalidad de eskí acuático que llaman tubing, que consiste en ser arrastrado por una motora mientras uno se sienta en un flotador gigante con agarraderas.
La familia fue encantadora y nos trataron de lujo. Destacaré al tío Gary, un granjero que luego trabajó construyendo carreteras y finalmente coches, por su amabilidad y calidad humana especial. Me sorprendió la humildad y sencillez de la clase trabajadora americana. Hablan con carisma y lo que en algunos casos pudiera considerarse falta de maneras en realidad es naturalidad.
En la vuelta a casa, paramos en un sitio muy especial: Punxsutawney, Pennsylvania. Para quien no lo sepa, es el pueblo que da vida a la película llamada ” Atrapado en el tiempo” o Groundhog Day (El día de la marmota) protagonizada por Bill Murray y Andie McDowell allá por el año 92. Curiosamente celebraban el Festival de la Marmota, distinto del Día de la Marmota, el 2 de febrero, en el cual la marmota Phil predice cuando empezará la primavera.
Allí vimos que las ferias de pueblo son casi iguales en todos los lado: atracciones, puestos de comida, de hippies y chorraditas y algún conciertillo. Si bien todo tenía su toque vernáculo. Mientras degustábamos unos ramplones tentempiés, unas señoras se sentaron a nuestro lado tras un gesto por nuestra parte para compartir un banco. A mi lado se sentó la patriarca Evelyn Holly, natural de Nashville, Tennessee, de 81 años, la cual me propinó con enseñanzas en clave proverbial sureña. Me explicó cómo ella había aprendido que “nunca digas nunca”. En su opinión, esa fue la manera en la que se predestinó, casi como un hechizo, a vivir en la aparentemente desaborida Summerville, Pennsylvania, y casarse con un hombre de un apellido tan vulgar y común como Smith. Tras haber vivido felizmente casi 60 años en Summerville junto a Mr. Smith, concedía que uno puede ser feliz y tener una buena vida en casi cualquier sitio. Yo no podía estar más de acuerdo con ella. He sido feliz en Nueva York y podría seguir siéndolo, de eso no hay duda. Si bien, yo tengo la capacidad de elegir que Evelyn, por su amor y fidelidad a Mr. Smith, no tuvo. Hay decisiones que resultan, que no es que sean, más acertadas que otras. Creo que sólo podríamos tomar decisiones irrefutablemente buenas si tuvieramos el poder predictivo de Punkxutawney Phil o de esa repentina celebridad, el pulpo Paul.
Una vez finalizado el periplo por América, el Mundial y ya sólo a la espera de volver a España, espero que el contacto con estos animales oraculares haya sido contagioso. O si no, que se me ha haya pegado algo de la sabiduría de Evelyn Holly, la cual decía que hay que “esperar” o “desear” hacer algo o no hacerlo, ya que si juramos hacerlo o, por el contrario, que nunca lo haremos, podemos estar echándole un envite al destino que acabaremos perdiendo con toda probabilidad.
Deseo y espero muchas cosas de volver a España, aunque no sea una decisión definitiva, sobre todo, deseo que todo vaya tan bien que no tenga motivos para marcharme para así estar con mi familia y mis amigos.
Hasta pronto